EARLE HERRERA :
Se vende un interino

El berrinche de Trump porque Dinamarca no le quiso vender Groenlandia, prendió las alertas del planeta. Los marabinos, algunos de cuyos hijos han comprado buena parte de La Puerta (a pesar de Alí Primera), espabilaron. Un oriundo de esos lares popularizó la canción Ni se compra ni se vende (iluso Memo). Y se trataba de un modesto velero, imagínense si alguien hace una oferta generosa por el lago, con o sin puente. O por la ciudad completa, con o sin patacón.

El capitalismo es el diablo -lo gritó Chávez en la ONU- y anda comprándole el alma a todo el mundo. El demonio impone el precio. Y si no quieres vender, te arrebata. Pregúntenle a México, “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, como dijo don Porfirio. La madre patria del imperio yanqui, Gran Bretaña, compró en Suramérica la que llamó “Guayana Inglesa”, y se anexó el Esequibo, con la pretensión de cogerse hasta Upata. Sabemos de esas “compras”. Conocemos de esas “ventas”.

Si se vende el alma -o la patria-, todo se puede transar. Cuando las recetas neoliberales quebraron la economía de Grecia, gobiernos de la culta Europa aconsejaron a ese país vender la Acrópolis. Cojan aire. ¿Qué es Grecia sin sus patrimonios culturales, que lo son a la vez de la humanidad? ¡Paja!, diría un capitalista de Londres, Tokio o Manhattan. ¿Cuánto quieren por el Parnaso o el Peloponeso completo? ¡Y gánate un Rolex y un Lamborghini Roadster 2019!

Antes de llegar Evo con su revolución de justicia social, un gobernante de Bolivia propuso “Cambiar deuda por territorio”. La deuda externa, que es el robo más grande cometido contra los pueblos del mundo, se saldaría desmembrando los territorios de esos pueblos. Esto nos importa porque mañana el comprador global podría estar tocando a tu puerta. Y si no le vendes, él mismo entra y se despacha.

Hoy Groenlandia está tan cerca de Venezuela porque su potencial comprador, Estados Unidos, impuso aquí un autoproclamado y empezó a entregarle activos del país (Citgo), con los cuales las transnacionales (Cristallex) se cobran supuestas deudas y se dan los vueltos. Si el imperio se cansa de su “interino”, le pone un precio, lo defenestra y le dice a cualquier otro que se autoproclame en una esquina. Hasta la próxima subasta, de empresas o de “presidentes encargados”.