Javier Osto:
Armando Ortega (el Lobo) un revolucionario, sin más.

Cada uno de nosotros como seres humanos,  tal vez, vinimos a este mundo terrenal por la gracia y el don de la providencia universal  a cumplir una jornada,  la cual quizás,  ya está definida  al momento mismo del alumbramiento o desde la misma concepción producto del acto consagrado del amor. Y es posible, no lo sabemos nosotros como humildes  analfabetas de la cronología cósmica del ser, pero que a veces pensamos en el marco de nuestro sobrio entendimiento sobre esto, que al cumplirla ya terminamos el fin de la lógica de nuestra existencia en la tierra. Y es posible también, que esto esté asociado al principio griego hecho conocido por Sócrates y por Aristóteles  “que todo lo creado esta ineludiblemente condenado a la destrucción y que en la muerte se expía  el nacimiento.

I

Con esta introspectiva posiblemente especulativa,   procuramos referirnos a un hombre que en su lucha diaria como todos los seres humanos, emprendemos al son de nuestra existencia, y que no la dejamos hasta el día final del acto vital. Y es que este personaje de quien haremos mención,  nunca desistió desde que tuvo óptica razonable sobre el andar político, de creer y pensar que siempre había otro camino por recorrer y que el conformismo forma parte de una ilógica que no debemos albergar en nuestro pensamiento habitual. Y lo que hacemos o dejamos de hacer será reflejo de nosotros mismos.

II

Hacemos referencia a Armando Ortega. Popularmente (el Lobo). Un revolucionario convencido, que creyó y aspiró,  sin aspiran más nada en política, que no fuera  otra cosa que ser revolucionario desde siempre, en cualquier escenario, desde el gesto hasta  en la forma de expresar las ideas más cotidianas. Venido de la estirpe de un hombre de trabajo y constancia como lo fue Don Crisanto Ortega, quien formó una gran familia de hombres y mujeres de perseverancia en los tiempos del San Diego de Cabrutica netamente agrícola y pecuario, sin el hedor espelúznate a resinas y vapores de petróleo ni el trauma de ladronzuelos, cobreros y gazapos de conuco,  que  hoy en día ya sea con uniforme o sin él atrofian  al pueblo.

III

Gallero reconocido por excelencia, anárquico algunas veces, ya que en sus venas corría la sangre del guerrero a pulso y fervor.  De niño lo escuchábamos nombrar y  llegamos a conocer a sus padres. También a hermanos con los cuales compartimos años de estudio en la Escuela Nacional Concentrada  en San Diego de Cabrutica, bajo la orientación del Maestro Aníbal Velázquez, quien también era un amante  del pico y espuelas. Sin embargo, nuestro trato común con Armando Ortega, se da a partir de 1982, cuando apenas despuntaba en mi vida la juventud  y siendo parte de la Juventud Comunista de Venezuela, se decidió desde la Dirección Regional del PCV, representada entonces por Teodoro Guevara, que yo fuera (cuando en el Municipio Monagas,  para la época  Distrito Monagas  no se hablaba políticamente otra cosa que no fuera AD, COPEY o URD)  el candidato a concejal por el Partido Comunista  (el gallo rojo, hoy en día sometido y lamentablemente  venido a menos).

IV

En el entonces Distrito Monagas  y el mismo San Diego, había como temor de acercarse al PCV. Sólo Armando Ortega a quien conseguimos, en un mediodía de un sol tostador en una  gallera en las afueras de San Diego, nos dijo “estoy contigo, yo te voy ayudar”. Algo así como 37 votos obtuvimos en las elecciones del año 1983 en todo el Distrito. Y eso fue motivo de euforia: “le arranamos votos a AD Y COPEY”.

V

Cuando surgió el partido Nueva Alternativa y la izquierda toda se unió en apoyo a José Vicente Rangel, Armando Ortega  estuvo allí a la orden y asistía a la sede de este partido en El Tigre, para traer lineamientos al Distrito Monagas en apoyo al candidato izquierdista. Y mucho tiempo después se enroló en el MAS (Movimiento al Socialismo) y después en MVR  (Movimiento V República), con el comandante Chávez y luego ficha del PSUV, del que fue coordinador sin mucho peso político en realidad en San Diego. Apoyaba todo lo que oliera a candidatos de la llamada revolución sin importarle  mucho la calidad o condición de identificación social del candidato,  “ese es el candidato de la revolución y hay que apoyarlo” nos manifestó en algún momento  cuando hicimos observaciones de inconveniencia de algún candidato del “proceso mismo”.  

VI

Hace unas semanas apenas, Armando Ortega se despidió de este mundo terrenal, aun convencido a pesar de todo, que la revolución es el rumbo, dejando atrás y para la eternidad en unos pueblos sin memoria histórica, que pronto olvidan logros y luchas de sus hijos, los recuerdos que en los años de su juventud, también fue atraído por las células guerrilleras del oriente venezolano.  Y que por esos infortunios de la vida en una de esas horas menguadas sin que fuera ese el propósito, se vio involucrado en un hecho fortuito que lo marcó para el resto de su vida de luchas y de hombre Provo y Recto. 

 

San Diego de Cabrutica.   Septiembre de 2019.