Luis Santos Sá: Pincel de la imaginación

 

Autor: José Antonio Pérez Luna 

(En el año 1990, el reconocido profesor José Antonio Pérez Luna, ya fallecido, realizó una serie de conversaciones con personas de larga residencia en El Tigre. Estas conversaciones las publicó bajo el nombre de “Tertulias” en el diario “Antorcha”, trabajo que luego le valió su designación como cronista del municipio Simón Rodríguez, designación que ostentó hasta el día de su muerte. Su hija, Diana Pérez, de manera voluntaria, facilitó los recortes de prensa de estas publicaciones con el fin de refrescar un poco los aportes a la historia de esta joven ciudad de El Tigre, ahora en la era de las ediciones digitales. En su momento, cada “Tertulia” salió con la ilustración de una caricatura del rostro del entrevistado, realizada por el artista plástico Saúl Alcalá.  Cada semana entregamos a los lectores una de estas conversaciones, acompañada, por supuesto, de la caricatura correspondiente, las cuales fueron reproducidas por el fotógrafo Antonio Hernández).

 

                Originario de la Isla Madeira, región que aún permanece bajo la soberanía de Portugal, pues constituye esta isla una propiedad cuya historia se remonta mucho más allá de los días del antiguo Imperio Portugués o antigua Lusitania, Estado de Europa Meridional al Oeste de la Península Ibérica, entre España y el Atlántico.

                Allá nació el 21 de julio de 1921; hijo de Don Asunción Sá y Doña Carolina Do Santos Alves, quienes se trasladaron a las Islas Canarias cuando Luis escasamente tenía una corta edad de cuatro años. Ocho hermanos en total conforman el hogar fundado por Don Asunción y Doña Carolina: Enrique, Aída, Luis, Carlos, Carmen, Esther, Julieta e Irene Santos Sá.

                Diferentes rumbos y diferentes dimensiones, proyectándose en el duro quehacer de la vida, los coloca en horizontes distintos. Luis abre su propio camino, piensa en otra tierra que está muy lejos, más allá del Océano, y en sueños remotos construidos a punta de aventuras y juventud, decide venir a América y piensa en la tierra legendaria soñada también por Colón. Vespucio y Lozada.

                Trae sus pinceles y acuarelas envueltos en un lienzo de proyectos, mientras en su pecho una angustia repartida sofocaba nerviosamente su cerebro.

Un día nos dijimos: / es la hora del vuelo.

Cortemos la amarra. / Lancemos el grito nuevo.

Una inquietud profunda mordía los minutos,

una ansiedad unánime agitaba el pecho.

Y cortamos la amarra. / Levantamos el vuelo.

                Hermosa expresión poética para ilustrar aquella partida; y el viajero arriba a Venezuela en el año de 1955. Su estadía en la ciudad de Caracas es breve y en 1956, entusiasmado por las voces viajeras que hablaban de Guanipa en toda su extensión, se viene a El Tigre y aquí está entre nosotros; 34 años de permanencia en esta tierra avalan su incorporación al trabajo creador.

                Luis nunca sintió la tentación de abandonar la ciudad, a pesar de las buenas y múltiples ofertas que le llegaban en otras regiones venezolanas.

                Aquí me siento bien, yo quiero esto, además… tengo muchos amigos. Es su palabra de afecto y agradecimiento para con esta tierra generosa; y se sumerge nuevamente en la mezcla matizada de colores, ideas y líneas, siempre apoyando entre sus dedos  el maravilloso y obediente pincel, con el cual logra los trazos nuevos y esa lluvia de luces  y destellos que acicalan  el rostro nocturno de la ciudad.

                Su acento peninsular, con el paso del tiempo, se vio invadido por ese criollismo tan característico del venezolano dicharachero y bonachón, y mientras traspone de un sitio a otro el humeante cigarrillo, aflora el chiste y la chispa cordial de una conversación amena.

                Siente la necesidad de pensar, de organizar las ideas y mientras estira la palabra del diálogo y recuerda pasajes y anécdotas de su vida, traza con singular maestría el conjunto de líneas que van dando forma a algún trabajo de publicidad.

                Con el lápiz puntiagudo, dibuja con precisión de pulso la anatomía de un maniquí, para vestirlo luego con traje de vistosos y coloridos tonos, hasta hacer resaltar en el todo un esplendor de vida, hecho con el pincel de su imaginación.

                Con 69 años de edad, en el orgullo de sentirse dueño de una carta de presentación que habla por sí sola: Honestidad y Trabajo, Luis Santos Sá, es un ejemplo permanente que señala el buen camino para las generaciones futuras.

                Ya con la despedida a flor de labios, me habló de su escuela primaria y recordando con nostalgia aquellos días, reza al pie de la letra, una lección aprendida entonces:

                “Canarias, es un archipiélago  español del Atlántico, situado a 115 kilómetros de Marruecos meridional, que comprende dos provincias: Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas… todo el conjunto geográfico que comprenden ambas unidades territoriales, fueron conquistadas para Enrique III de Castilla, en 1402, por el francés Juan de Bethencourt. Sus antiguos habitantes se llamaban Guanches”.

El Tigre, domingo 4 de marzo de 1990.

Diario “Antorcha”.